En el templo donde tantas veces Dios, recordó la justicia y la alegría, donde tantas veces Dios se conmovió en el alma de aquellos pobres, de aquellos olvidados. En el templo donde tantas veces Dios, bajó del cielo raudo en memorables confesiones, en liturgias domingueras especiales, allí se refugiaron todos cuando la guerra les estalló en la cara, cuando quedaron acorralados entre las balas desde el monte y desde rio... Entonces! se desprendió el cielo, con tejas, con odio, con arrogancia, sin cuidado de los niños, de los viejos, de los negros de aquellos afrocolombianos que aceptaron un día la colonia, la libertad, las normas, la democracia, la pobreza y la guerra. Aplastados, derribados, los destellos de la muerte, entre gritos desgarradores, entre la risotada del pánico, entre la desesperanza, relucían en el crucifijo a los que muchos ojos se aferraron por ultima vez, que gran juicio final, que apresurado Dios, que apresurados los seudo Dioses, detrás de los fusiles... los pescaron con se pesca en rio revuelto, los matarón a la jura, como si la vida fuera una absurda rifa donde se obliga a participar, los matarón, los asfixiaron, los aplastaron, y podría decir 119 apelativos a sus muertes, pero no hay más que describir, si en aquel instante, ningun actor armado se atrevió a decir "alto al fuego"... murieron donde Dios habita, y su templo les sirvió de tumba.
